Érase una vez una pastorcita, que un día decidió caminar por un sendero que no conocía y que no le gustaba mucho, pero lo eligió para cambiar su rutina. En medio de su nuevo, pero aburrido camino, una sorpresa… se topó con un joven que, a la primer mirada, la impactó.
Narciso es una persona de lo más carismática, es chistoso, inteligente, sabe hablar de miles de temas sin aburrir a la gente, es talentoso y hasta guapetón… bueno, lo que se dice guapetón, a lo mejor no tanto, pero tiene ese no-sé-qué-que-qué-sé-yo, que simplemente atrae.
Y qué decir, de cuando la pastorcita se dio cuenta de que él también se había fijado en ella... bueno, creyó que era la chica más afortunada del mundo en tener consigo a una persona tan increíble, con quien aprendió miles de cosas nuevas y que le llevó a conocer tantas y tantas sensaciones extraordinarias.
Pero Narciso tenía un defecto. Al principio la pastorcita no lo notó, pero con el paso del tiempo se fue haciendo más y más obvio. Narciso estaba enamorado de sí mismo!!! Así es, la única persona a la que realmente ama es a la que ve cuando se mira al espejo. Nadie es más importante en este mundo que ese reflejo que él tanto admira. Pero claro!!! Cómo no enamorarse de él mismo, si está consciente de que es esta persona fantástica, que todo el mundo admira y con la que muchas mujeres quisieran estar; y claro… cómo no aprovechar esta situación???
Y así, sin darse cuenta la pastorcita le abrió las puertas de su vida…y transcurrió mucho, mucho tiempo, hasta que repentinamente se dio cuenta de que Narciso estaba consiguiendo todo lo que deseaba, y ella no… al contrario, la pastorcita se estancaba cada vez más y más. ¿por qué?
Ah, bueno, pues la razón es que le puso tanta atención a Narciso que dejó de ponerle atención a lo que ella realmente quería, todo siempre se enfocó en lo que Narciso necesitaba o deseaba… y ahí estaba ella para complacerlo… lo que nunca se preguntó es “¿y quién me complace a mí?”
Finalmente, un día Narciso decide irse, así nada más… bueno, en realidad se fue a perseguir sus sueños y la fortuna que siempre había deseado, pero se le olvidó algo: la pastorcita. Sí, la pastorcita que lo apoyó, lo consoló y buscó complacerlo; quién trató de hacerle la vida más fácil para que estuviera contento.
Ella se quedó con sus sueños guardados en una cajita… esperando. ¿Esperando qué?
Después de todo Narciso nunca le prometió nada, ella sólo esperó… y ahora se lo tiene que sacar de la piel.
Suele pasar.